martes, 23 de marzo de 2010

San Juan, capítulo 3, versículo 16.

Porque de tal manera amó Dios
al mundo, que ha dado a  su Hijo unigénito, 
para que todo aquel que en él
cree, no se pierda, mas tenga vida
eterna.
Porque no envió DIosa su Hijo al
mundo para condenar al mundo, sino
para que el mundo sea salvo por él.
El que no cree, no es condenado,
pero el que no cree, ya ha sido condenado;
porque no ha creido en el nombre del
unigénito Hijo de Dios.
Y esta es la condenación: que la luz
vino al mundo, y los hombres amaron 
más las tinieblas que la luz, porque sus 
obras eran malas.
Porque todo aquel que hace lo malo,
aborrece la luz y no viene a la luz;
para que sus obras no sean reprendi-
das.
Mas el que practica la verdad viene
a la luz, para que sea manifiesto que 
sus obras son hechas en Dios.
Yo creo que lo que está escrito aquí está bastante claro y no hace falta que lo explique. 

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